Las envenenadoras de Nagyrév

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Las envenenadoras de Nagyrév

Mensaje por Aluminca el Jue Ago 25, 2011 8:30 pm










Envenenadoras de Nagyrév

Durante el periodo de entreguerras, en algunos pueblos de la región
de Tiszazug y, concretamente, en Nagyrév, un pueblo agrícola húngaro, a
unos cien kilómetros de Budapest, proliferó una comunidad de asesinas
que acabaron con la vida de unas trescientas personas, que, por
distintos motivos, consideraron “molestas”.

Todo comenzó al inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando muchos
hombres de la región tuvieron que abandonar sus hogares al ser
reclutados para luchar por el Imperio Austro-Húngaro. En la misma época
se establecieron en la zona campamentos para prisioneros, que disponían
de una cierta libertad controlada. Estos jóvenes extranjeros comenzaron a
visitar Nagyrév y se convirtieron en amantes de muchas mujeres que,
libres de maridos y prometidos, podían relacionarse con ellos
tranquilamente.

Pero esta situación “idílica” terminó bruscamente cuando los maridos,
padres y otros parientes empezaron a regresar a sus casas. Los
veteranos de guerra quisieron retomar sus vidas por donde las dejaron,
esperando que sus mujeres fuesen tan sumisas y obedientes como antes.
Sin embargo, estas mujeres, que lograron una independencia y liberación
que no habían llegado a experimentar hasta entonces recibieron a sus
familiares con una gran frialdad. Ellos, en muchas ocasiones, también
habían cambiado: los horrores de la guerra los volvieron más agresivos e
intolerantes y, algunos, además, estaban terriblemente mutilados o
ciegos.



Una de las campesinas detenidas.
Todas las imágenes del post pertenecen al Hungarian National Museum
(Magyar Nemzeti Múzeum) y fueron tomadas durante las
detenciones y el juicio.

Las esposas buscaron la ayuda de una mujer valorada en la comunidad.
Se trataba de la comadrona Julia Fazekas, que, en aquella época, al no
existir ningún hospital en la zona, cubría las necesidades médicas de
estas poblaciones. Sólo llevaba viviendo en Nagyrév tres años, pero ya
era una persona respetada porque las comadronas eran consideradas
“mujeres sabias” que actuaban como médicos y, además, logró ganarse la
confianza de algunas familias a las que había ayudado a deshacerse de
los bebés no deseados. De hecho, esta mujer fue detenida en numerosas
ocasiones por practicar abortos ilegales, aunque siempre quedó libre por
falta de pruebas.

Fazekas consideró que, una buena solución y, al mismo tiempo, un
medio de obtener ingresos extra, era facilitarles a todas aquellas
mujeres arsénico obtenido con un método casero: mediante la ebullición
de tiras de papel atrapamoscas. La comadrona, ayudada por una de sus
auxiliares, Susanna Olah, alias “Tía Susi”, y algún otro cómplice, logró
inducir a las asesinas a cometer los crímenes y proporcionó el veneno
que todas ellas utilizaron. Unas cincuenta envenenadoras compraron el
arsénico y, lograron en pocos años aumentar notablemente la tasa de
mortalidad de la región.

Cuando algún funcionario pedía explicaciones de este llamativo
aumento de la mortalidad, un primo de Fazekas presentaba los
certificados de defunción, que él mismo había firmado, para demostrar
que las muertes eran naturales y que todo estaba en orden.

Los envenenamientos comenzaron en 1914, con el asesinato de Peter
Hegedus, y finalizaron en 1929. Según Béla Bodo, un historiador
húngaro-estadounidense, autor del libro Tiszazug: A Social History of a Murder Epidemic,
los crímenes cesaron cuando una carta anónima al editor de un pequeño
periódico local acusó a las mujeres de la región de Tiszazug de acabar
con la vida de sus familiares mediante envenenamiento. Las autoridades
exhumaron decenas de cadáveres en el cementerio local. Tras encontrarse
arsénico en sus cuerpos, si iniciaron las detenciones de los
sospechosos.


La imagen muestra el inicio de las detenciones
de las sospechosas. Algunas llevan a sus hijos

Este autor, que creció en la región, revela en su obra las posibles
causas sociales que propiciaron estos despiadados crímenes. Examina, por
ejemplo, los elementos de la cultura campesina húngara del periodo de
entreguerras, tales como el abandono tradicional de los ancianos,
enfermos y discapacitados, que resultó favorable a una solución violenta
de los problemas familiares. Además, analiza el contexto
histórico-político en el que se desarrollaron los hechos, una época
extremadamente difícil y dura, en la que se vivía con mucha pobreza y
desesperación. Todo ello para intentar profundizar en la explicación de
esta oleada de crímenes en la que participaron tantas personas.

En aquella época, los matrimonios eran concertados por la familia y
el divorcio no se aceptaba socialmente. De manera que las mujeres,
frecuentemente, tuvieron que soportar a hombres que no amaban, muchos de
ellos maltratadores y alcohólicos. Sin embargo, no todas las víctimas
fueron de este tipo. También se acabó con la vida de padres ancianos,
maridos mutilados por la guerra o, incluso, de los hijos.

Cuando, finalmente, la comadrona fue detenida, se mantuvo firme en el
interrogatorio y negó todas las acusaciones, afirmando que no podían
demostrar nada. Las autoridades decidieron dejarla libre para tenderle
una trampa. Sabían que ella se pondría en contacto con sus clientas para
advertirles de que su “fábrica de arsénico” había cerrado. Así lo hizo,
y cometió el error de visitarlas personalmente, de manera que,
involuntariamente, le indicó a la policía a quiénes debía detener.

Se hicieron treinta y siete detenciones y se logró que veinte y seis mujeres fuesen a juicio.


Algunas de las detenidas durante
la celebración del juicio


Entre las personas procesadas se encontraba Olah, ya septuagenaria;
Maria Kardos, que asesinó a su marido, a su amante y a su hijo de
veintitrés años; Rose Hoyba, que confesó haber acabado con la vida de su
esposo por ser “aburrido”; Lydia Csery, que mató a sus padres; Maria
Varga, que asesinó a su marido, que se quedó ciego en la guerra, porque
se quejó de que ella traía demasiados amantes a casa; Juliena Lipke,
que asesinó a su madrastra, su tía, su hermano, su cuñada y su esposo;
y, finalmente, Maria Szendi, que justificó ante el tribunal su crimen de
este modo:


Maté a mi marido porque él siempre quería
tener el control. Es terrible la forma en que los hombres siempre
quieren todo el poder.


Una de las procesadas declarando en el juicio


Ocho fueron condenadas a pena de muerte mediante la horca; siete, a
cadena perpetua y el resto pasó algún tiempo en la cárcel. Entre las
ejecutadas se encontraba “Tía Susi”, acusada de haberse encargado de las
distribución del veneno, en el caso de varios clientes. Su hermana
también recibió la máxima pena. Uno de los asesinos, según afirmaba una
habitante de Nagyrév que actualmente tiene 93 años, se ahorcó para
evitar el arrestro. En cuanto a Fazekas, logró evitar la ejecución
suicidándose con el mismo veneno que tantas veces había vendido.

_________________
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Re: Las envenenadoras de Nagyrév

Mensaje por atir45 el Sáb Ago 27, 2011 11:53 am

muy fuerte historia.. me impacto...mate a mi marido por que el siempre queria tener el control... gracias por compartir esta historia aluminca
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Re: Las envenenadoras de Nagyrév

Mensaje por Rennhe el Jue Sep 08, 2011 8:44 pm

Tienes razón, atir, impactante esta historia...me quede con la boca abierta...

gracias Aluminca..

salu2!! cheers
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Re: Las envenenadoras de Nagyrév

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