EL BUQUE FANTASMA

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EL BUQUE FANTASMA

Mensaje por Aluminca el Sáb Mar 01, 2008 5:55 pm

Un diario de provincias, de la región de Filadelfia, en Estados Unidos, en un número correspondiente a los últimos meses del año 1943, daba cuenta en su sección de sucesos de un tremendo alboroto, promovido por un grupo de marineros en un bar de los suburbios.



A través de los datos que sumi­nistraba el periódico, y según se iba leyendo la noticia, la riña se produjo sin motivo aparente, y como consecuencia del alcohol ingerido y los ánimos exaltados, en una discu­sión trivial entre los soldados y un grupo de clientes, que compartían con ellos el güisqui y la madrugada.



Un suceso vulgar, sin más trascendencia; a no ser que se considere que cuando llegó la policía, para poner un poco de orden allí, en el interior del bar no quedaba ni uno solo de los marineros revoltosos. No habían abandonado el local por la puerta, sino que, a decir por las empleadas, se habían esfu­mado como por arte de magia, es decir, se habían hecho invisibles. La noticia, planteada así, no era creíble. No esta­mos acostumbrados, ni siquiera la policía, a sucesos tan... chocantes.



No pasaron las cosas de ahí y la insólita noticia fue olvidada, a la vez que el diario comenzó a dormir su sueño de fecha pasada en los archivos. Y, sin embargo, tanto a la policía como a los reporteros, se les pasó la cir­cunstancia de que los marineros alborotadores pertenecían a la dotación de un buque de guerra experimental identifi­cado como el D. E. 173.



Si lo que vio Carlos Allende era verdad, el desenlace de la bronca comienza a tener sentido. Los marineros que promovieron el tumulto eran los mismos que, antes o des­pués, consiguieron la invisibilidad a bordo del ELDRIDGE D. E. 173. volando, Dios sabe por qué medios, en un ins­tante hasta Nortfolk, donde recobraron su identidad visible durante breves momentos, para esfumarse de nuevo y rea­parecer en su lugar de origen del Centro Naval de Filadelfia, en un viaje de ida y vuelta increíble, rompiendo en mil pedazos todas las sólidas leyes del tiempo y del espacio.



Después se ha sabido que, prácticamente la totalidad de la tripulación del prodigioso barco, fue licenciada y muchos de sus componentes fueron considerados poco menos que dementes por las autoridades. Otros desapare­cieron, esta vez se teme que por procedimientos más orto­doxos, y el buque de guerra ELDRIDGE D. E. 173 fue ven­dido a Grecia el 15 de enero de 1951. Quién sabe si andará todavía por ahí, cruzando mares con su enorme incógnita a bordo. Pero, seguramente, lo que ha de saberse, antes o después se sabrá. Es como si la Humanidad dispusiera de unos recursos de aspecto casuales, capaces de sacar a flote aun los secretos más escondidos.



Y así, por una aparente casualidad, vinieron a caer algunos testimonios incoherentes en manos de determina­dos investigadores de lo extraño que, tirando del hilo, poco a poco, y con muchas dificultades, porque se topaban siempre con el muro del silencio oficial, fueron llegando hasta el principio. Fruto del esfuerzo de todos ellos ha sido el trabajo de William Moore y Charles Beriitz, que con el título de "El experimento Filadelfia" ha visto la luz recien­temente.



Carlos Allende, desde la cubierta del mercante "Andrew Furuseth", contempló un experimento de invisibilidad, realizado con un buque de guerra y su tripulación en el Centro Naval de Filadelfia. En dicho experimento se trataba de hacer invisible el barco y todo su contenido, segura­mente para emplear el procedimiento en la guerra con todas las ventajas que ello traería consigo.



No es un secreto que el ejército de los Estados Unidos contaba, como todos los ejércitos, con un amplio equipo de investigadores, entre los que se encontraba Albert Einstein. Y el experimento, según todos los indicios y al decir de Allende, resultó un éxito. se consiguió la invisibilidad del ELDRIDGE D. E. 173. Este barco, de 93 metros de eslora, 1.240 toneladas y 1.900 a plena carga, desapareció dentro de un campo de energía. Del hecho existen bastantes pruebas, entre ellas algunas filmaciones oficiales estadounidenses, secretas, pero que algunas personas han conseguido visionar, y que quedan reflejadas en el libro de Moore y Berlitz.



Para llevar a cabo una investigación ordenada del caso, era necesario, en primer lugar, encontrar los diarios de a bordo del mercante "Andrew Furuseth" y del ELDRIDGE, durante las fechas en que el experimento debió llevarse a cabo. Luego, localizar a los componentes de ambas tripula­ciones. Los diarios de a bordo no aparecieron, porque las autoridades los habían requisado; y de los tripulantes de uno y otro barco sólo pudo saberse que la mayoría había desaparecido, sin dejar rastro, o se hallaban internados en centros psiquiátricos, sin posible rehabilitación.



Del "Andrew Furuseth" apareció el diario del maquinista. Sus anotaciones pusieron en evidencia que el mercante había regresado al puerto de Filadelfia, procedente del norte de África, en los días en que Carlos Allende y otros testigos, que aparecieron después, dijeron haber presenciado el experimento de invisibilidad. Esto estaba en contra de la versión oficial que recogió Jessup, y que hacía totalmente imposible que el

"Furuseth" hubiera arribado al puerto de Filadelfia a finales de octubre de 1943.



Del D. E. 173 se supo que, aunque la fecha de entrega "oficial", en que los astilleros depositaron el buque en manos de las autoridades navales, correspondía al mes de julio, desde un mes antes, aproximadamente, se estuvo uti­lizando en una serie de experimentos de camuflaje de bar­cos para radar, en aguas del Atlántico Norte. Las citadas pruebas consistían en hacer invisible el barco a "los ojos" del radar, mediante la creación de un campo magnético envolvente. Consta que los experimentos resultaron un éxito total. Y ese triunfo debió ser lo que animó al equipo de investigadores, entre ellos Einstein, a proseguir, buscando la invisibilidad real.



La diferencia de capacidad de carga que el buque tenía en el momento de ser entregado a la fuerza naval, y la que tenía cuando fue entregado ofi­cialmente, no eran la misma. En el momento de abandonar los astilleros registraba 1.240 toneladas de peso y 1.900 toneladas a plena carga. Pero un mes después, las cifras quedaron modificadas de la manera siguiente: 1.620 toneladas de peso y 1.900 toneladas a plena carga. Lo que índica que el peso del buque se vio incrementado en 580 toneladas.



Según los expertos, ese incremento de peso corres­ponde a los potentes electroimanes que el barco encerraba en sus bodegas, y que hacían posible el desarrollo de los experimentos. Cuando el D. E. 173 fue adquirido por Grecia, las 380 toneladas de exceso habían desaparecido.



Los científicos coinciden en que el experimento es posible, y aseguran que la descripción que hizo Carlos Allende, se ajusta a lo que debe ser el resultado de los potentes electroimanes en acción dentro del barco: un zum­bido de intensidad progresiva y la aparición de una nube magnética, cada vez más consistente, de color verdoso opa­lino, que gira en sentido inverso a las manecillas del reloj. Se admite que esa especie de coraza energética puede lle­gar a camuflar un objeto, en este caso un buque de guerra, de tal manera que los radares no consigan captarlo.



Pensemos por un momento las grandes ventajas que supondría en una guerra, como la que se estaba desarrollando entonces, el hecho de que los buques, y los aviones, ade­más de haber logrado la invisibilidad ante el radar, pudieran también convertirse en realmente invisibles. Era eso lo que se pretendía, con toda seguridad,



El genio que puso en marcha el proyecto fue Albert Einstein, desde su cargo de asesor científico de la Marina. Y el origen se basó en el desarrollo de la que se ha llamado Teoría del Campo Unificado.



No es fácil, por supuesto, resumir en pocas palabras una teoría tan compleja y que exige unos conocimientos matemáticos y físicos muy profundos. Pero basta definirla como un conjunto de ecuaciones, en las que se inclu­yen las interrelaciones de las tres energías básicas, como son la electro­magnética, la gravedad y la energía nuclear, y sus consecuencias, es decir, todas las circunstancias de luz, sonido y movi­miento que enmarcan la acción de esas energías. Pruebas de laboratorio han demostrado que entre las energías y sus circunstancias, hay una relación también muy estrecha, y actúan siguiendo el cauce de la causa-efecto. Potentes elec­troimanes a plena carga provocan un desplazamiento, o una tendencia de desplazamiento, y una serie de fenóme­nos lumínicos, de sonido, etc.



El buque D. E. 173 realizó varias pruebas de invisibilidad antes de que se llevara a efecto el experimento llamado de Filadelfia. Todo debió marchar a la perfección; pero no se tuvo en cuenta el factor humano, quizá siguiendo la antigua máxima militar de que en la guerra vale más una muía que un soldado.



El día D a la hora H, uno de los últimos días del mes de octubre de 1943, el buque fue estacionado en uno de los muelles del Centro Naval de Filadelfia. No se trataba de un experimento extraordinario, sino de uno más en la cadena de pruebas que se venían realizando. Los electroi­manes, con un peso total de 380.000 kg, se pusieron en marcha en la bodega y fueron paulatinamente aumen­tando su acción. El murmullo inicial, semejante al que produce la proximidad de un condensador, fue subiendo de intensidad, a la vez que se formaba alrededor del casco metálico un campo de energía, de una gran tensión. De pronto, el barco desapareció de la vista de todos. No estaba allí, sino a unos cientos de kilómetros, en Nortfolk. No sólo se había conseguido la invisibilidad, sino que se había conseguido también el traslado, fuera del tiempo, igno­rando la realidad del espacio, ajeno por completo a los principios de la velocidad. Fue como si de pronto el barco hubiera saltado a otra dimensión, a través de un desgarrón en el éter.



Será lo mejor pensar que los responsables del experi­mento, tanto los científicos como los altos mandos de la Marina, no tenían previsto que ese desenlace pudiera suce­der. Que el resultado sorprendió, antes que a nadie, a ellos mismos. Pero tuvieron la obligación de considerar que es peligroso jugar con las fuerzas de la naturaleza, que interrelacionar las tres energías madres del Cosmos podría dar lugar a un fenómeno insospechado.



Si se llevó a efecto realmente el experimento de Filadelfía, se nos ocurren varias preguntas: ¿Por qué secre­tos de la energía el buque, un pesado destructor, alcanzó la invisibilidad? ¿Cómo pudo trasladarse en un instante difícil de medir hasta el puerto de Nortfolk y materializarse allí? ¿Estaba previsto que esto último sucediera? ¿Desapareció el barco de verdad o fue solamente una "impresión"?

Es una incógnita demasiado importante que quizá permanezca para siempre como un enigma, entre la realidad y la ficción.



Un hombrecillo, con aspecto de mendigo, abordó a los marineros James Davis y Alien Huse, en el Memorial Park de Colorado Springs, en una noche del verano de 1970. Era uno de los tripulantes del D. E. 173, que sufrió en su cuerpo y en su espíritu el impacto del experi­mento. Este hombre dijo que trataron de convencerles de que aquello no había ocurrido, y les obligaron a jurar que guardarían el secreto, a pesar de que nadie iba a creer semejante his­toria. Les dieron la baja por incapacidad mental, por sí a alguien se le ocurría tomarlos en serio. Así, si alguien iba a la Marina con preguntas, ellos podrían decir que todo era un cuento, inventado por un hatajo de chiflados. Hay que reconocer que. desde el punto de vista de la seguridad, es una jugada maestra.

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